Ropa de invierno niñas

Streak 2: La Tormenta

2020.11.03 07:00 dzcFrench Streak 2: La Tormenta

Aquí está Streak 1: https://www.reddit.com/WriteStreakES/comments/jm8lea/streak_1_la_tormenta/

—Chicas, ¿qué hacen esta noche? —Mi padre preguntó. [Yo tengo que hacer un mejor trabajo para describir a papá y mamá pero en esto momento no se lo que aparacen].
—Vamos a ver una película, papá —dije—. Noche nevada, chocolate caliente, y La Era de Hielo, va a fantástico.
Yuri, con ojos bien abiertos, asintió con la cabeza de acuerdo con entusiasmo.
—¿La Era de Hielo? ¿De nuevo? —Mamá preguntó, pesándola una bolsa de tomates a papá—. Esa película tiene casi 50 años. No están casando de viejas cosas?
—Mamá, tienes casi 50 años y no estamos cansadas de ti.
Volvimos a arrugar las narices. Yuri jadeó y se tapó la boca.
—Seriamente, ¿Cual es su fascinación por las cosas viejas? [Tengo que hacer una lista de cosas viejas que le gustan a Jenny.]
—No es por las cosas viejas, mamá. Es por las historias. Son como los cuentos de hadas pero real.
Es la verdad. Estoy fascinada con la historia. Es la materia en que me destaco en la escuela, especialmente con la historia de los siglos XX y XXI, lleno de interesantes giros y vueltas, mejor que cualquier cuento de hadas.
—Bueno, cosas viejas tienen historias. A veces me preocupo por ustedes dos. Tienen más en común con los abuelos que con los niños de su edad.
—¿Quieres decir que somos más inteligentes?
—¿Más informadas? —Yuri añado.
—Si, si, si, ¡vayan, pasen el rato con otras niñas y sean normales por una oportunidad!
Hice un llanto falso.
—Oh, no, Yuri, ella nos rompió. Ya no puedo verte.
—Oh, ¡no! —Yuri lloró—. ¡Te extrañaré!
—¡Yo también te extrañaré! —Hicimos un abrazo falso.
—Muy bien —Mamá nos arrojó una bolsa de papas fritas—. ¡Salgan de aquí!
Yuri y yo nos miramos emocionados.
—Consigo chocolate caliente —Yuri dijo.
—Tengo la película lista —dije.
Mis padres, sonriendo, sacudieron con la cabeza con incredulidad.
***
Era casi 11 pm cuando la película se terminó. Mis padres se han ido a la cama, no sabía cuándo y Yuri se iba. Abrí la puerta para Yuri y jadeó.
—¡Mira! Toda la nieve, ya debe haber al menos un pie de nieve. Todo es blanco. Muy bonito, ¿no?
Si, era realmente bonito, pero tenía demasiada sueño para que me importara. Asentí. La nieve caía espesa y rápida, y el leve viento hizo volar un poco la nieve. Hacía frío y cerré la puerta contra tormentas inmediatamente después de que Yuri saliera al camino de entrada, pero me quedé detrás del vidrio mirando a Yuri girar bajo la nieve. En la calle había varios niños todos cubiertos con ropa de invierno con capuchas jugando en la nieve, corriendo, persiguiéndose y tirándose nieve unos a otros, pero reconocí las risitas de María y Carlos, los dos niños que vivían al otro lado de la calle. Creo que María tenía nueve anos y Carlos once. Eran tan buenos niños.
Yuri pronto desapareció detrás de la cerca del vecino. Cerré la puerta y me fui a la cama. (How do you distinguish between "closed the door" and "locked the door"?)
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2020.05.15 06:47 DanteNathanael Nelkenherz: parte 1/2

NELKENHERZ


Las escaleras están frescas con heridas mientras sube escalón a escalón, poco a poco la obscuridad esclareciendo en sus viñetas oculares, volviendo a respirar con tranquilidad. Y aunque presentemente se encuentre solo, en su corazón lleva la compañía de todo el mundo.
La encuentra limpiando claveles en el estanque del jardín. Se pone de puntitas y trata de evadir las recientes flores y frutos caídos de las jacarandas que cubren la casa de la extraña lluvia tardía. Las obscuras ramas dibujan hipotrocoides en el aíre. Gorriones con la cabeza rojiza surfean el flujo etéreo que pasea sobre la ciudad, hacía el moribundo sol, la niebla ascendente pintada más y más de naranja en el horizonte hasta esfumarse en espirales concéntricos. . . . Pero antes de llegar a ella, ve la suavidad y lentitud con la que lava cada pétalo—del rojo pasan al rosa dentro del agua. A su lado apenas queda un par. Acercándose un poco más, las pieles de los irregulares pétalos revelan haber sido artificialmente teñidos con un rojo escarlata. Lentamente, todavía de puntitas, la abraza por detrás, un beso en la mejilla, un silencioso “ya estoy en casa, cuéntame.”
Termina de lavar los últimos claveles, los amarra en un ramo con la liga de su cabello, exdorado y cayendo en gravedad disminuida, seguramente por la presión atmosférica, y por fin le deja ver sus ojos, su mirada decaída. Una serie de jalones cardiacos le hacen instantáneamente besarle la frente y abrazarla. Pequeñas aglomeraciones de tristeza liquida empiezan a bajar por sus mejillas. Ambos se paran al mismo tiempo, petricor acercándose cada vez más. Deja que ella tome el ramo. Lo sostiene cerca de su pecho, manchando su azul uniforme. Caminan hacía la puerta trasera, entrando silenciosamente a casa.
La luz permanece apagada. A través del estudio hay veladoras que él empieza a encender, mientras ella regresa del almacén con un jarro acampanado de vidrio. Dentro de él coloca las flores, agua y unas cuantas lágrimas. Cuando la ultima veladora ha sido despertada, el pequeño cofre, Cuauhxicalco—que le sorprende aún funcioné después de tanto tiempo, especialmente al ser su primer proyecto de carpintería, regalo de su primer aniversario—ya descansa en sus blancas y temblorosas manos. Se acerca y le desabrocha el pequeño collar de oro del cual pende una pequeña llave con las letras vanvda en el cuerpo de esta, que ahora va clink, clink, para abrir y revelar múltiples chalchihuites, jades y serpentinas. De su bolsillo saca 3 jades. Las lágrimas dentro de él no pueden ser contenidas por mucho más tiempo, pero da su todo para seguir mirando en silencio. Ella toma un pétalo de clavel y envuelve una de las piedritas en él. Tan pronto como introduce las tres piedritas se deja caer, él apenas si la alcanza.
La sienta en el sillón de vinilo negro, su favorito, en la esquina del estudio. Toma otra silla y se sienta frente a ella. Después de un minuto, comienza a hablar.
“No fueron 3.”
“Oh. Gracias a Dios. . . .” La tristeza viene ahora a ser reemplazada por curiosidad. “¿Entonces por qué pusiste tres piedritas dentro del cofre?”
La lluvia llega al techo sobre sus cabezas. Su pequeño entra a la habitación, buscando a sus padres, extrañado de no haber escuchado el usual tumulto en la puerta delantera.
“Cuando me llamaste y dijiste que quizás tardarías un poco más, no pensé que fuera tan grave, Cariño.”
Las manitas del pequeño toman otra silla y la arrastra hasta quedar entre ellos. Despeja el cabello de sus ojos y se amarra su casi dorado cabello con una liga que siempre lleva en la muñeca. Su mirada revela entender lo que está pasando. Coloca una de sus manitas de porcelana en la pierna de mamá y la otra en la pierna de papá, y asiente gravemente, pidiendo que continúe.
Und ich gehör dir nicht zu.
Beide klagen wir nun.
¿Dijiste algo, Preciosa?” dice mientras pasea su trapo de derecha a izquierda sobre la blanca superficie moteada del mostrador, dejando un rastro húmedo—susurros narcolépticos de caracol. “¿Has estado leyendo tus poemarios de nuevo?”
“¡Yia! Pfugeljin.”
“¿Vögelchen?” una pequeña risa. “¿Y ahora por qué soy una pequeña ave? ¿Qué hice ahora?”
“Eeeees—“ acercándose hacía él, hasta dejarse caer sobre sus hombros, rodeándolo con sus suaves y cansados brazos, recostando su cabeza en palpitante pecho de su amado, para continuar “—porque eres el que me lleva al cielo en tus alas.”
Las ultimas tormentas han dejado de caer, aunque el hombre del clima, Don Eladio, alias “Hieladio,”avisó de un frente frío que llegaría del Norte por la tarde. El un poco oxidado gallo de los vientos, siempre anunciando en sutil canción la víspera del amanecer sobre el letrero de la florería, Nelkenherz en grandes letras serif rojas sobre un fondo blanco, avisa que el viento se acerca no desde el Norte, pero del Este.
En el encuadre se puede ver la parte baja del letrero de la tienda, del cual cuelgan cuatro bulbos geométricos, uno parpadeando, a punto de morir; ambos ventanales llenos de flores por detrás. Y la gran puerta de cristal-madera obscura, de la cual sale jovial, suelta y sonriendo naturalmente a quien pase Maxine Boan. La florería le pertenece a ella y a su esposo, Kelvin Antares. Las piernas del lucero de la calle Aloe se mueven de un lado para otro por debajo de su danzante vestido mientras recoge las restantes mesas que por la mañana estaban llenas de amapolas, lirios, petunias, girasoles, rosas, margaritas, geranios, hortensias, petunias, begonias, gitanillas, azucenas, nomeolvides y claveles—los primeros del año. La cámara no puede captar muy bien todo el rango de colores por la mañana, pero ya que es tarde, bajo la luz monótona, nublada, saturada, ella brilla en el centro de la película.
Un pequeño beep avisa que ya ha terminado de grabar. La guarda dentro de los tantos bultos de su chaqueta y se levanta de la silla frente a la florería. Todos esperan ya la lluvia, pero no viene . . . espera pacientemente en las alturas para dejarse caer.
La cita es alas 19:30, en la entrada a la Posada del Sol.
Realmente no sabe lo que está haciendo. Un amigo le había recomendado trabajar con Tomas Villacorta Jr. Desde hace un año. Era un trabajo simple como este: ir y tomar video de un grupo de amigos que siempre se reunía cerca de Plaza San Pedro. Cuando la noche caía, bajo el manto matrimonial del sol y la luna, de las estrellas y el smog, se acercaban más, pagándole a alguien en la iglesia para subir a la azotea, al Hospital Juárez. Allí llevaban un tipo de ritual para comunicarse con la Planchada. Habiendo contactado previamente a la Quemada unos días antes, que había revelado el nombre de aquel malvado italiano, pidiendo que le hicieran pagar por lo que hizo, pues así lo quería la Tierra.
“Deste gafe ni la Llorona sabe. Su crimen castigado verlo he. ¿Encontréis vosotros a V.? Diz que Planchada en vida fuera duno de su cuna amante.”
“¿Eulalia ‘La Planchada’ del Hospital Juárez?”
“Con ella averar.”
Así que lo hicieron. . . . Un poco.
La Planchada estaba demasiado cansada después de la pandemia que ocurrió hace unos años. Los pacientes necesitaban demasiada atención. Incluso tuvo que ir de paso a otros hospitales para suplir con la carga a los enfermeros espectrales que allí laboraban. En sus aventuras fuera del Juárez se encontró a varios fragmentos del alma de Nightingale trabajando horas extra. Historias fueron intercambiadas y pronto Eulalia se dio a conocer en todo el mundo fantasmal benigno. (Algunos dicen que incluso el maligno, pues se apareció el fantasma de un criminal, herido, una noche en la explanada del Juárez. Eulalia lo curo y lo cuidó sin dirigirle la palabra.) Esto hizo que se arreglara de nuevo el cabello y lavara sus ropas, por lo que cuando finalmente apareció, casi no la reconocieron. Era 12 de mayo. Se sentó con ellos.
Eulalia reveló el nombre de aquel muchacho que la engaño, dejándola atrás, sola. Huyendo con aquella que finalmente llamaría esposa . . . Teodoro V.
Los chicos desaparecieron uno a uno después de eso. Él nunca lo supo.
Pero el dinero escaseaba, y el trabajo del magnate transnacional era demasiado fácil como para que pagara $10000 . . . solamente por filmar por una semana a una reconocida pareja que vendía flores y nunca daño a nadie. Demonios, incluso él mismo había ido a comprarle flores ahí a ella . . . a ella . . . varias veces. . . . ¿Qué podría pasar?
En las puertas de la Posada del Sol lo esperaba un agente vestido de basurero—es eso . . . sí, dice “prohibido penetrar a personas no autorizadas:” nice—naranja como el metro, como el cuerpo de una pluma, estoico, llenando botes despintados y oxidados de una cantidad exagerada de basura para un disfraz. Le hizo una señal de que echará el instrumento en la basura.
Bajo la acera, dando la mejor impresión de desinterés que pudiera, y aventó todo junto dentro del bote de basura orgánica. El hombre le maldijo.
Antes de llegar a casa, por curiosidad pasó de nuevo por la florería. Maxine ya había recogido todo y se encontraba dentro. En su mano una taza que al beber de ella empeñaba sus lentes. Kelvin estaba terminando de merodear en la caja, un último click antes de acercarse a Maxine, quien instantáneamente sonríe viéndole a los ojos . . . ¿fue eso una patada? No puede ver muy bien desde ahí.
Recuerda que todavía lleva puesta el arrugado disfraz, desparramándose a los lados como una masa viscosa dejada mucho tiempo sobre la mesa. Se la quitó y la desechó en el cubo más cercano. Finalmente se arma de valor para ir a saludar a la pareja, que ya van un paso afuera de la florería. El cielo aún está gris, pero ni el viento ni la lluvia tienen la presencia que se esperaba. Cuando Kelvin apaga las luces, todos los colores de la calle Aloe se dispersan a los vientos como motas de polvo. Ni una herida traería un poco de color de vuelta.
“¡Memo!” salta Maxine. Su negro cabello lacio se alza y cae lentamente en ritmo con su vestido, resaltando la luminosidad de sus dientes, rodeados de un rojo natural. Se acuerda de ella. “¿Cómo has estado? Hace mucho que no pasas por la tienda. ¿Las cosas siguen mal?”
“Si. . . . No la he vuelto a ver desde el invierno. Navidad fue la última vez que estuvimos verdaderamente juntos, desde ahí he estado estático. No sé si—“
“Memo,” interrumpe Kelvin.
“Señor,” haciendo un pequeño saludo japones, sincero y automático, con los ojos fijos en el suelo.
“Me pareces un excelente chico, Memo. Desde que venías a comprarle ramos personalizados, desde la primera hasta la penúltima vez que entraste en esta tienda, pude ver en tus ojos cuanto la amabas. Ah, no solo en tus ojos, todo tu ser rebosaba de amor, de energía.” Una pequeña pausa, sus pupilas brillantes, buscando qué decir, le dan la vuelta al mundo.
“Es repentino,” voltea a ver a su esposo, que le da el si con la cabeza. “¿No gustarías acompañarnos un poco a la casa? Me gustaría saber qué está pasando contigo y con . . . ella.”
“No se preocupe, puede nombrarla.”
“—con Claire.”
“Por supuesto, no tengo nada más que hacer por hoy.”
Después de 5 calles y 2 vueltas, subiendo las escaleras verdeas, las que si tienen barandal, llegan a una grandiosa reja que tiene las letras A&B en la cúspide, sobre las cuales descansa una corona de flores. Todo el trabajo de hierro parece estar hecho a base de gigantes flores petrificadas.
Guillermo mira su reloj . . . se le hunde el pecho. Ya es un poco tarde, pero ya no hay una razón por la cual llegar a casa lo antes posible. Comprará la cena en el camino de vuelta . . . y una botella de ron.
Adentro va Maxine, luego Guillermo y finalmente Kelvin, quien cierra la puerta tras de sí. Dentro de los umbrales de la casa, Guillermo puede ver claramente una distinción entre aquel lugar y el mundo exterior. Todo huele a paz, el peligro ya no sabe en su boca. ¿Es esto lo que es un hogar? Su pecho se hunde todavía más. Trata de que los recuerdos de un futuro imposible ahora no le llenen los ojos, desbordando todo aquello que no dice, el dique de su escasa seguridad llevado a un punto crítico. La humedad derrumbándose lentamente sobre su cara lo llevará de nuevo a la orilla del mar donde la conoció. Sabe que cada vez que lo hace, la brisa de barre su corazón con bruma algún día lo convertirá completamente en un bloque de sal, uno que todas las empresas que lucran con la insoportable inaceptabilidad de una partida, esperando en los valles emocionales donde la obscuridad es más densa, más pesada, que se pega a la piel, exprimirle todo hasta convertirle en un fantasma que recurre a la pornografía, el alcoholismo, la putería, para seguir huyendo . . . pero nunca podrá huir de nada. Y lo sabe. La promesa de amanecer en otro día más brillante, apenas consciente, con la boca seca y una resaca, siempre termina por llevarlo a un día todavía mas obscuro, donde el sol sigue brillando igual pero lo siente cada vez menos. Los horizontes a los que quiere llegar son solo los bordes de su tumba, y cada vez que cierra los ojos, la única luz que hubo en su vida, la única que dejó entrar, va rondando en el laberinto de su tragedia, sin parpadear . . . ni sus parpados lo protegen de notar su ausencia. . . .
. . . y Maxine lo abraza sin dudar. Finalmente llora. Kelvin entra para preparar la sala.
En los lapsos que puede abrir los ojos, un poco distorsionadas por el mas acuoso, puede ver muchas flores y cajas, cajas grandes, apiladas por doquier.
Maxine lo sienta a su lado en el sillón más largo, dando de frente a la apenas usada chimenea. “Deja salir todo,” le dice.
Kelvin cena solo. Deja preparados otros 2 platos y sube a realizar una llamada. Aún cuando Guillermo ya ha dejado de llorar, La voz, con un tono de emoción igual al que cuando empezó, puede oírse todavía.
“Así que eso paso. . . .”
“Ya han pasado tantos días y todavía la extraño.”
“No importa,” Maxine con una sonrisa. “La verdad solo la extrañas porque le daba estabilidad a tu vida. Desde que se fue, nada ha sido lo mismo—¿cierto?—pero no tiene que serlo. Las cosas deben de mejorar. Y todo, especialmente el amor, se da de forma natural. Me contaste que incluso has rechazado a algunas personas por ella. Bueno, me parece que es porque crees que no eres digno de nadie, le tienes miedo a demostrarle a otras personas lo que realmente eres. Pero dime, ¿te has sentido mejor por rechazarlas? Quizás sientas que estás siendo responsable al no entrar en una relación, pero, querido, no lo estás siendo. Vales muchísimo como para que sigas huyendo de tomar responsabilidad de ti mismo, Sabes que tu corazón quiere amar, pero lo único que haces cuando se presenta ese amor es huir, llenándote la cabeza de mil cosas. No retrases lo inevitable, no quiero que te hagas daño.
“Pero ah, hermoso, mírate. Realmente mírate. Estás así por alguien que ya no está. Tu amor es muy grande. Tiene una fuerza inmensa. Ocúpalo en ti mismo y en alguien que realmente quiera lo mejor para ti. Quizás pienses que no es así, pero encontrarás a alguien que te ame, que pueda ver a través de todo lo que escondes, directo al tesoro de tu alma. Y ni tu pasado ni tus miedos le van a importar, por que está ahí no solo para amarte, también para enseñarte todas las cosas que hay por amar en ti: cuando la veas sonreír, cuando le haya contado a alguien de ti y al presentártelos digan ‘¡Memo! es un placer conocerte,’ cuando duerma tranquilamente en tu pecho y te diga con toda seguridad que tú eres lo que ella quiere. Y cuando menos te des cuenta, tu corazón habrá sanado, y ella te tratará igual, pero ahora estará aliviada de que puedes por fin verte como ella te ha visto desde el principio. Y no es que no vea toda la obscuridad en tu corazón, no es que sea ciega a ella, a veces, cuando no la veas, tendrá miedo, pero sus ojos brillarán de nuevo, pues sabe que eres realmente aquél que brilla por debajo de toda esa obscuridad.”
Antes de que la sonrisa de Memo se transformara en llanto, Kelvin baja al fin, sus pasos resonando en la escalera, pues baja dando brinquitos.
“¿Ya?” le pregunta a Maxine. Ella asienta. “Bueno, toma,” le dice a Guillermo, alargando el teléfono del cual ya cuelga una pila portátil.
“Amm . . . ¿yo?”
“¿Quién más, campeón?”
“Ah, uhhh, ahhhh . . . okay . . .” se pega el teléfono a la oreja. “¿Bueno?”
“Holaaa, ¿Memo?” Al oír aquella voz, el corazón de Guillermo empieza a latir de otra manera, no con ansiedad, pero con emoción.
“S-s-¿si?”
“Un placer Memo. Me llamo Eurus y—“
“¿Crees que estará bien? Eurus lleva mucho tiempo queriendo conocerlo.”
“Lo hará. Nuestra niña es la mejor.”
Cuando bajan de nuevo, la llamada todavía sigue su curso.
“—si solamente la buscas cuando estás triste, no la amas. Definitivamente extrañas la seguridad que te daba. Es más fácil regresar a lo que eras antes, porque así ya nadie podrá juzgarte por lo que eres realmente, temes abrirte con alguien más, porque como dijo mamá, crees que no te amaran. Bueno, Cariño, la realidad es que muchos y muchas te han amado, pero en tu necedad, has cerrado la puerta por un amor oxidado, que ya ni es cenizas, es carne muerta, y te vas a pudrir con ella si sigues aferrado.”
Al llegar a casa, ya muy de madrugada, Guillermo. . . . Bueno, la conclusión lógica entonces es que realmente amas a quien buscas cuando estás feliz, ¿no? . . . Guillermo estaba muy feliz. Y no podía dejar de pensar en Eurus.
. . .
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2018.10.27 23:12 marinettestore Por Que Los Niños Deben Elegir Su Propia Ropa

Por Que Los Niños Deben Elegir Su Propia Ropa
Los niños siempre quieren probar con la ropa y elegir ellos lo que se van a poner. No frenes sus impulsos, guíaselos pero sin que él se de cuenta.
A la mayoría de los niños, hasta que aprenden a vestirse bien (sobre los cinco años), les encanta cambiarse de ropa varias veces al día, lo que suele irritar mucho a las madres. Si tu hijo es uno de ellos, procura no enfadarte con él.
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Podemos encontrarnos con inconvenientes, por ejemplo, si les permitimos elegir su ropa, como el pasar demasiado tiempo hasta decidirse, cambiar de opinión o que se empeñen en ir vestidos de forma poco conveniente. Lo hace para entrenar su nueva habilidad y porque le gusta elegir la ropa que va a ponerse. Salvo que quiera llevar una camiseta de manga corta en pleno invierno, o un jersey de cuello vuelto cuando hace 40 ºC, permítele escoger lo que se va a poner cada día (dale a elegir sólo entre dos o tres opciones, para que no se eternice decidiendo). Podemos encontrarnos con otros inconvenientes, por ejemplo, si les permitimos elegir su ropa, como el pasar demasiado tiempo hasta decidirse, cambiar de opinión o que se empeñen en ir vestidos de forma poco conveniente. Pero ofrecerle esta oportunidad es muy bueno para él porque:
  1. Le hace sentirse mayor, algo que le encanta (el mundo de los adultos le resulta fascinante).
  2. Aumenta la confianza en sí mismo.
  3. Le hace ser más decidido.
  4. Afianza su personalidad.
  5. Le enseña a expresar sus deseos sin miedo a que le contradigan.
Sin duda, que permitamos que los niños elijan su ropa y decidan sobre su aspecto ofrece ventajas para su desarrollo: se sienten más respetados y valorados, adquiriendo confianza en ellos mismos y aumentando la que sienten hacia nosotros. Además, su personalidad se afianza, se hacen más autónomos en el sentido correcto y les ayuda a ser decididos sin miedo a que les sean negadas esas pequeñas decisiones tan importantes para llegar a saber decidir responsablemente en lo importante. El placer de haber elegido su ropa hará, incluso, que, al sentirse "mayores" deseen aprender a cambiarse de forma automotivada, algo que, en mi opinión es deseable y que nunca hay que forzar.

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Ayudale sin note
Como en todos los demás aprendizajes, en éste de vestirse solo tampoco debes compararle con otros niños de su edad (unos adquieren antes que otros la madurez mental necesaria para desarrollar unas determinadas habilidades), ni proponerle objetivos que están por encima de sus posibilidades, porque esto le crearía inseguridad.
Deja que avance a su ritmo (en general, las niñas comienzan a poner las articulos de moda infantil antes que los niños) y ayúdale a vestirse cada vez mejor y más deprisa, pero sin que lo notes (para ello te resultarán muy útiles los trucos y consejos que te damos en los cuadros).
Y, eso sí, a medida que vaya progresando, intervén lo menos posible y cuando te veas obligada a hacerlo, déjalo para el final, después de felicitarle por lo bien que se lo ha colocado todo (si se pone el jersey al revés y los pantalones torcidos, deja pasar unos minutos antes de ponérselos correctamente). Seguro que así no le importará tanto que le eches una mano.

Un saludo!
Marinette
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2017.10.17 03:42 antopapita Gustavo Adolfo Bécquer: Rima LXXIII

Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, taparon su cara con un blanco lienzo, y unos sollozando, otros en silencio, de la triste alcoba todos se salieron.
La luz que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la sombra del lecho; y entre aquella sombra veíase a intérvalos dibujarse rígida la forma del cuerpo.
Despertaba el día, y, a su albor primero, con sus mil rüidos despertaba el pueblo. Ante aquel contraste de vida y misterio, de luz y tinieblas, yo pensé un momento:
?¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!
*
De la casa, en hombros, lleváronla al templo y en una capilla dejaron el féretro. Allí rodearon sus pálidos restos de amarillas velas y de paños negros.
Al dar de las Ánimas el toque postrero, acabó una vieja sus últimos rezos, cruzó la ancha nave, las puertas gimieron, y el santo recinto quedóse desierto.
De un reloj se oía compasado el péndulo, y de algunos cirios el chisporroteo. Tan medroso y triste, tan oscuro y yerto todo se encontraba que pensé un momento:
?¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!
*
De la alta campana la lengua de hierro le dio volteando su adiós lastimero. El luto en las ropas, amigos y deudos cruzaron en fila formando el cortejo.
Del último asilo, oscuro y estrecho, abrió la piqueta el nicho a un extremo. Allí la acostaron, tapiáronle luego, y con un saludo despidióse el duelo.
La piqueta al hombro el sepulturero, cantando entre dientes, se perdió a lo lejos. La noche se entraba, el sol se había puesto: perdido en las sombras yo pensé un momento:
¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!
*
En las largas noches del helado invierno, cuando las maderas crujir hace el viento y azota los vidrios el fuerte aguacero, de la pobre niña a veces me acuerdo.
Allí cae la lluvia con un son eterno; allí la combate el soplo del cierzo. Del húmedo muro tendida en el hueco, ¡acaso de frío se hielan sus huesos...!
¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo? ¿Todo es sin espíritu, podredumbre y cieno? No sé; pero hay algo que explicar no puedo, algo que repugna aunque es fuerza hacerlo, el dejar tan tristes, tan solos los muertos.
Recuperado de: x
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2017.10.02 21:06 sopni Grammar Proofread Please!

The following is a short story adapted from a short film for my Advanced Writing Class. If anyone could proofread for grammatical error, especially little things (subj/adj agreement, ect.) it would be much appreciated! Thanks!
Nieve. El chico está feliz; le encanta el nieve. Nieve intenta que puede abrigarse en su ropa del invierno. Su abrigo rojo y su gorra azul le hacen sentir atrevido, como está preparándose de explorar un mundo nuevo y extraño. Deambula alegremente por la calle, silenciosamente agradeciendo a la ciudad por darle un día como esto. No hay otra gente en las calles, y se deleita en su soledad--como si fuera el solo explorador bastante valiente de ir afuera en el frío y nieve. Sus ojos verdes miran con maravilla los edificios cubiertos de nieve y las calles vacías, buscando algo para capturar su atención--un descubrimiento digno de un explorador de su estatura. Siente crecido--aquí, solo, no es demasiado joven para nada. Sabe que él y sus nueve años puede superar cualquier obstáculo en esta selva de concreto y nieve y calles vacíos. ¡Por fin! Algo destaca de las paredes grises. Ciento metros por la calle, ve una pared de un verde oscuro, cubierto en escritura. Empieza de correr, curiosísimo de que ha descubierto. Sus botas dejan arrugas largas en el nieve fresco, deslizando, desperados de alcanzar su destinación. Se da cuenta de no es pared--es pizarra. Además, está cubierto en nombres--cien por lo menos. ¡Ha encontrado una lista de exploradores que vinieron antes de él! Emocionado, el chico busca una manera de añadir su nombre a los anales históricos. Para su sorpresa, encuentra un pedazo de tiza que le parece completamente nuevo--no se ha usado ninguna vez. Le parece extraño--¿cómo puede no ser usado la tiza? Piensa un momento en esto y decide que la tiza debe haber puesto aquí para alguien especial, como él--alguien que no tiene miedo de un día como esto. Ansiosamente, coge la tiza y escribe su nombre tan alto como pueda. Alma. Lo dice en voz alta, como si estuviera confirmándolo. Escucha un crujido detrás de él. Gira rápidamente, y ve a sí mismo. Pausa, confundido. Por un momento piensa que está mirando un espejo, pero cuando lo acerca se da cuenta de que es una réplica de detalle increíble de sí mismo--incluso lleva la misma ropa como Alma. Encantado de la continuación de su aventura, Alma examina la muñeca a través de la ventana por pocos segundos antes de que decida de entrar el edificio que la contiene. Camina a la puerta y agarra la picaporte. La jala, y frunce el ceño cuando no abre. Trata otra vez. No abre. Frustrado, Alma lanza una bola de nieve a la puerta y empieza a alejarse. De repente, oye otra crujido; gira a la puerta y ve que está abierto. Emocionado, Alma corre por la puerta y examina el cuarto. Ve muñecas por todas partes. Tienen mucha variedad; chicos y chicas en ropa de todas estaciones y todas modas. Tienen caras con expresiones diferentes también--pero todos son niños o niñas. Con un choque, Alma nota que las muñecas sí tienen algo en común: todos tienen ojos que parecen tan reales que deberían ser imposibles; a él le parecen como ojos humanos, mudados a las muñecas. Piensa que la artista que las hicieron debe ser un maestro para crear algo así. Recordando su propia muñeca, mira donde había estado y está perplejo--ya no está. Se aleja de la ventana y está alegre de verla, ahora en un podio al centro del cuarto. Sonriendo, va a examinarlo más cerca, pero su pie golpea otra muñeca en el suelo--un chico llevando un traje y montando una bicicleta. Él puede moverse--trata de biciclar, pero está en su lado. Alma lo recoge, riéndose a las piernas de movimiento rápido, y lo pone vertical en el suelo. Inmediatamente, la ciclista acelera hacia la puerta, pero se cierra un momento antes de que se vaya del edificio. Golpea la puerta con un bam! y rebota, pero otra vez acelera hasta que golpee la puerta. Queda haciendo esto--golpeando la puerta, rebotando, y golpeándola otra vez. Es casi como está tratando de escapar. Alma regresa a su muñeca, pero ha mudado otra vez. Ahora está en un estante al lado del cuarto. El chico piensa que es muy raro esta tienda, pero, comprometido a su aventura, camino por el cuarto y sube los estantes para alcanzarla. Al llegar más próximo, nota que su muñeca no tiene ojos como las otras; sus son gris y irreal--no tienen ninguna parte de humanidad. Está decepcionado--quizás no es un réplica de él si no tiene los mismos ojos. Para verlo mejor, decide quitarlo del estante para que no tenga que mirar arriba. Quita un guante, extiende su brazo, y cola de tocarlo con sus dados. Está poco fuera del alcance; Alma pone un pie en el estante más bajo y da una final esfuerza de cogerlo. Su dado toca la muñeca. Un crujido. Una muñeca nueva levanta desde debajo del suelo: una chica con pelo rojo y llevando un vestido granate. Los ojos verdes de la muñeca que lleva el abrigo rojo y gorra azul miran con horror del estante, haciendo contacto de ojo con los ojos asustados por todo el cuarto. Los ojos se mueven desesperadamente, cuando Alma se da cuenta de que no puede mover ninguna parte del cuerpo. El cuarto está vacío otra vez; el solo ruido es el bam! bam! bam! de la muñeca en la bicicleta hasta que se cae, y entonces, silencio. Llueve. La chica de pelo rojo corre con sus paraguas, disfrutando a sí mismo mucho. No le molesta la lluvia--no le importa si su vestido se ensucia, no le gusta granate. Busca algo interesante de hacer en este día de lluvia. Grita con deleite cuando mira una pared interesante por el calle, y empieza a correr para verlo mejor.
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2015.10.06 10:56 Subversivo-Maldito Españoles en la División Azul: violentos y ladrones, pero más humanos que los nazis.

Boris Kovalev, profesor de la Universidad Estatal de Nóvgorod, ha publicado un libro titulado: Voluntarios en una guerra ajena, dedicado a la División Azul (DA). Su obra presenta una visión polifacética del episodio histórico protagonizado por la Wehrmacht Alemana y los españoles que la siguieron a Rusia en una misión de solidaridad limitada que movilizó a más de 20.000 personas de diversos grupos, desde falangistas convencidos, voluntarios con motivaciones variadas, en gran parte económicas y de ascenso social, y una minoría deseosa de pasarse a la Unión Soviética.
A) Los españoles de la División Azul (DA) que, en apoyo de los invasores nazis, lucharon en tierras de la URSS de 1941 a 1943 fueron percibidos por los habitantes de las provincias rusas donde se acuartelaron - Nóvgorod y Leningrado - como más benignos que los alemanes y, a diferencia de estos, no se vieron involucrados en represalias masivas a la población.
C) El frio y el hambre dominan los testimonios de españoles y rusos. Desde Alemania, los españoles marcharon a pie por el oeste de la URSS en el verano de 1941. No tenían ropa de invierno y en los pueblos de la provincia de Nóvgorod donde tomaron posiciones ya en otoño se dedicaron a robar prendas de abrigo, desde pañuelos de lana de las campesinas a edredones, que se echaban sobre los uniformes cada vez más harapientos. También se apoderaban de las válenki, las botas de fieltro rusas, que arrebataban a vivos y a muertos. Espoleados por el frío, prendían fuegos que amenazaban con incendiar las modestas viviendas campesinas donde se alojaban....Sin haberse bañado desde que salieron de Alemania, piojosos y hambrientos, los divisionarios abandonaban su mugrienta ropa interior y se llevaban todo lo que encontraban a su paso: gallinas, vacas, y hasta los gatos. Una anciana invitada por los divisionarios a comer lo que creía un conejo descubrió con horror que había degustado su propio gato, cuando buscó a éste para darle las sobras del banquete.
D) Los habitantes de la zona ocupada, en sus recuerdos, han indicado que los españoles eran muy excitables y podían matar a alguien en una riña, como Fédor Morózov, el alcalde colaboracionista con los nazis en Nóvgorod, tiroteado por un soldado español al que empujó en un reparto de leche. La maestra Alexandra Ojapkina, en 1941 una niña de 12 años, calificaba a los divisionarios de “muy ladrones, pero no crueles y con cierta compasión por los habitantes locales”.
E) El autor de libro, Kovalev, afirma que los españoles, “pese a todo, eran mucho más humanos que los alemanes”....Un día los alemanes acusaron a la población civil de Shevélevo del saqueo del almacén de provisiones de los españoles....Después hicieron salir a la calle a la gente para fusilarla y la pusieron en fila, siendo una mujer madre de seis hijos la última en salir. Con disimulo, un soldado español apartó a la mujer del grupo, salvándole así la vida. Resultó ser que los responsables del saqueo del almacén, aparentemente, eran los habitantes de un pueblo vecino, donde vivían descendientes de colonos alemanes....En una ocasión, en diciembre de 1941, la artillería alemana comenzó a disparar contra un grupo de 11 presos españoles capturados por los soviéticos, matando a cuatro presos....Al iniciarse la retirada de los Alemanes de Rusia existían dos campos de prisioneros de la Wehrmacht...Al comienzo de la retirada, el comandante del campo hizo formar a los prisioneros y pidió dar varios pasos al frente a quienes no se valían por sí mismos. Los 55 hombres que avanzaron, esperando que les facilitaran el transporte, fueron fusilados a la vista del resto.
F) El mando soviético recibía informes de los interrogatorios, en los que se constataba que la moral de combate de la DA había mermado al aumentar las dificultades. Los españoles jugaban a las cartas por dinero y algunos pagaban a sus compañeros para que hicieran guardia por ellos. En la DA se dio una orden contra quienes se autolesionaban para evitar el frente. Uno de los presos, Juan Trias Diego, confirmó a los soviéticos que en la División se había fusilado a soldados por autolesionarse y que otros recibieron castigos tales como patrullar en calzoncillos o ser abandonados frente a las trincheras con un farol encendido.
[Fuente: http://elpais.com/cultura/2015/10/05/actualidad/1444068649_594486.html]
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